INSEGURIDAD, INCONFIDENCIALIDAD Y OTRAS INCERTIDUMBRES I

La fotografía tiene detrás una parte de desarrollo y satisfacción personal, de alguna manera, conseguir ese momento único o esa imagen deseada nos lleva a un estado de enorme satisfacción. El fotógrafo curioso, el que fotografía con pasión, el que se hace más y más preguntas, el que siempre busca un poco más allá, para de alguna manera crear algo y tratar de darle una vuelta a lo ya experimentado o visto con anterioridad. Hay ahí un proceso, por tanto, de mejora continua que sirve para disfrutar y experimentar la vida.

En la fotografía de calle uno siempre tiene experiencias que van más allá del desarrollo y la satisfacción personal, esa parte de fotografiar las interrelaciones o costumbres sociales y a su vez la oportunidad del fotógrafo de establecer contactos y relaciones con gente que de otra forma no tendría, como dice la cita de Walter Astrada. Surge ahí una historia de superación propia, conocimiento del mundo y de posicionamiento ante el mismo.

Las leyes de derechos sobre la propia imagen y de protección de datos, están provocando una inseguridad para todos aquellos que disfrutamos de este tipo de fotografía, tanto de autores como de espectadores y donde vemos que la aplicación extrema de estas leyes pasaría por perder parte de nuestra historia.

Hace un tiempo leí el libro Lírica Urbana de Helen Levitt, en su tercera sección hay un prólogo de Jorge Ribalta en donde comenta que la obra de la fotógrafa permite visualizar cómo evolucionó la ciudad de Nueva York en sus barrios más humildes, entre la pre y post transformación urbana, lo cual, permite ver también, como las cuestiones urbanísticas modifican las relaciones y los comportamientos sociales. Esta transformación significó que la ciudad pasase de ser un lugar de juego a ser un espacio mucho más anónimo. El trabajo de Helen Levitt, es al fin y al cabo, un proyecto en la calle durante 50 años de evolución que permite detectar eses cambios sociales y hacer visible a todos, los cambios de los que no nos hablaron los medios oficiales.

¿Qué hubiese pasado y cómo podríamos hoy visualizar esto si las nuevas leyes sobre los derechos de imagen o protección de datos existiesen en aquél entonces?

 

En la foto que ilustra este post, tuve una experiencia vinculada a lo que aquí os cuento, vista la localización, el fondo y la luz que había en ese momento, me paré, creía que podía haber foto y la busqué, estaba intentando lo que se denomina una fotografía de pescador. Hacía tomas buscando un juego de sombras de la gente al pasar, otras veces jugando con la sobra del margen inferior izquierdo, que ensombrecía a la gente al pasar y según la altura del sujeto permitía visualizar la cara en luz o no. Cuando llevaba un rato, una viandante vino hacia mí y me preguntó si estaba fotografiando a la gente, porque me veía sacar fotos cada vez que pasaba una persona a mi lado.

No reaccioné como Bruce Gilden, hay que querer y valer para eso…  Me preguntó si ya conocía la ley de protección de derechos de la propia imagen y asentí… quería que pasase y me dejase seguir mi camino. Le dije que estaba jugando con las sombras en el muro y que buscaba un aspecto artístico más que un retrato, incluso llegué a enseñarle alguna foto. Al ver las imágenes me pidió perdón.

Volviendo a casa, pensé sobre el tema y pensé que quizás hubiese sido mejor haber entrado a conversar con ella, conocer su perfil profesional y lo que en concreto sabía sobre la ley, hablarle de los grandes fotógrafos documentales (Jacob Riss, Helen Levitt, Cartier Bresson, Catalá Roca, Sebastiao Salgado, Cristina García Rodero, etc…) o de fotoperiodistas (Robert Capa, James Natchwey, Gervasio Sánchez , Samuel Aranda, etc…), fotógrafos todos que con su dosis de honestidad y compromiso nos muestran aquello incómodo que los medios generalistas de prensa no nos hacen llegar o plantearle el valor humanista y documental de sus trabajos que en ocasiones pueden llegar a cambiar situaciones de injusticia o irracionalidad tan propios de nuestros tiempos, y en definitiva, preguntarle si sabía que era eso de la “candidez” que para mí, es lo que mejor trasmite “vida” en una fotografía.

Habra una segunda parte de esta entrada que publicaré más adelante, mientras tanto me gustaría conocer vuestra opinión sobre estos temas:

¿Habéis tenido alguna experiencia similar?

¿Consideráis que fotografiar a alguien en un espacio público es invadir su intimidad?

¿Qué credibilidad ofrecéis a la privacidad o a la confidencialidad de datos en este mundo donde la tecnología va por delante de nuestras capacidades de control?

¿Qué relevancia o trascendencia dais al trabajo de fotógrafos documentales, de calle o fotoperiodistas?

Desde vuestro punto de vista ¿Qué fotógrafos de calle, documentales o fotoperiodistas tienen una obra de inestimable valor que sería imposible con el cumplimiento estricto de ambas leyes?

 

Cualquier comentario que queráis dejar sobre este tema es bienvenido, en este espacio de reflexión.

CULTURA VISUAL II – SINCRONICIDAD

Hace poco más de seis años, en casa tuvimos a nuestra primera hija. Como quisimos dejar para la sorpresa el saber si iba a ser niño o niña teníamos dos opciones de nombre, quizás alguna más, pero en cualquier caso había opciones para sexo masculino y femenino. Para niño teníamos entre otras opciones la de Mateo, un nombre que hasta entonces se oía poquísimo a pesar de ser un nombre bíblico pero de mucha menor aceptación que Juan o  Marcos. Como al final fue niña, no utilizamos ese  nombre.

El caso es que unos dos años después, ya en los parques con la niña, se oía llamar a muchos Mateo curiosamente, ese nombre que tanto nos gustó y que abundaba poco, de repente se había convertido en viral. ¿Qué pudo ser lo que lo propició?, planteo dos alternativas:

 

Acausal: Según mi mujer, había una palabra para definir esa forma de que se crease tendencia de forma inconsciente para los que la adoptan. Después de buscar información al respecto vimos que la palabra que lo definía podía ser la que Carl Gustav Jung definió como sincronicidad, esto es la “coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar y relacionado con los pensamientos y emociones de la persona que lo experimenta”

Causal: Desde mi punto de vista sí que existiría un relación causa-efecto y es que la serie de televisión, doctor Mateo, permanentemente anunciada en televisión, nos había hecho más familiar este nombre. Creo que esto mismo se repitió poco después con Lucas,  después de que la película “Lo imposible” llevara a la pantallas la valentía de Lucas Bennet interpretado por Tom Holland. Seguramente en este caso habría gente que utilizó dicho nombre de forma más consciente.

 

Pero vamos allá con el término sincronicidad, porque es probable que se hayan producido coincidencias en tu vida que respondan perfectamente a lo que se define con este concepto. En mi caso, puedo decir que sí, sin causa aparente coincidencias que llaman mucho la atención. Incluso en la fotografía, ver una idea similar o muy parecida, coincidente o no en el tiempo, pero estando seguro de no haber conocido la otra hasta entonces ni haber hecho pública la mía.

 

Os cuento dos ejemplos recientes:

  • Hace medio año aproximadamente conocí el proyecto de Kate Kirkwood, Spines. Un proyecto del que nunca había oído hablar, donde la autora fotografiaba la columna vertebral de las vacas en superposición con las cordilleras del paisaje de fondo.

Inmediatamente me vino a la cabeza una imagen mía, donde la idea era la misma pero con un caballo.

  • Poco después, ya con la idea de este post en la cabeza y después de haber creado, pero no publicado, un tríptico sobre un choque de un coche contra un poste de tendido eléctrico vi un tríptico en blanco y negro con una idea muy similar de José Fonticoba, con el que en ocasiones mantengo conversaciones interesantes sobre fotografía y al cual agradezco que me hubiese cedido el uso de su tríptico para ilustrar este post.

La pregunta, al igual  que antes, es si estas coincidencias son fruto de la sincronicidad o es la cultura visual la que nos lleva a preparar la imagen de una determinada forma y la coincidencia la que haga que confluyan en tiempos más o menos próximos.

 

¿Qué opinas?

¿Alguna vez te ha pasado lo mismo y has sentido que has perdido la oportunidad de aprovechar una idea original?

¿Quieres compartir alguna experiencia tanto fotográfica como no fotográfica sobre la sincronicidad?

Animaros a dejar vuestros comentarios!

 

Cultura visual, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?

La formación y la información como bases del conocimiento permiten que no tengamos que enfrentarnos a un nuevo proyecto partiendo de cero, para de esta forma llegar a conocer lo que han hecho otros antes e intentar aportar nuevo contenido con nuestro trabajo e interpretación. Los recursos y las referencias son necesarios para cualquier labor de investigación, por tanto, el conocimiento de los grandes artístas visuales y sus obras es un muy buen punto de partida para nuestro desarrollo como fotógrafos. Ya sea como artesanos o como artístas, nuestro trabajo necesitará esas referencias visuales previas.

Podemos definir esto como parte de la cultura visual, siendo este un término mucho más ámplio que define una educación visual, en la que además de cuestiones teóricas se estudiarán las obras de los grandes artistas visuales a las que trasladar dichas teorías. No se trata de imitar o copiar el trabajo de otros, sino de conocer recursos, interiorizar discursos y permitir disponer de herramientas para el desarrollo de trabajos. Esa interiorización puede hacer que una vez pase el tiempo, captemos una imagen y pensemos no haberla visto nunca, pero quizás, si que parten de un germen que sea la imagen vista años atrás.

¿No os ha pasado alguna vez que habeis fotografíado una escena y tiempo después al verla de nuevo vincularla con otra por algún parecido? Nuestra imagen no tiene porque ser mejor o peor que la inicial, y en ella seguramente también hayan influído otras imágenes y experiencias anteriores, no por este hecho tenemos que conceder menos mérito a la segunda imagen, porque su autor ha sabido en cualquier caso, ver, interiorizar y reinterpretar a su manera dando lugar a esa segunda.

Desde mi punto de vista esos recursos son necesarios y buenos para toda mejora y habrá que juzgar cada imagen por sus valores visuales pero sin pretender cuestionarla por  falta de originalidad, pues como la mayoría y puede que hasta la primera, estará afectada por la cultura visual de su autor y por tanto influída por otras imágenes anteriores.

El título de este post se debe a que podríamos hacernos esa pregunta, que es primero, el huevo (la primera imagen) o la gallina (idea de captación de la imagen propia) y en que manera la imagen inicial realmente ha motivado que nuestra cabeza haya visualizado y decidido hacer click en nuestra segunda imagen.

Os dejo lo que a mi entender podrían ser unos ejemplos:

Y finalizo con esta fotografía del perro en la nieve de Koudelka para dejaros una versión mía, no tiene la misma similitud de la escena de Navia al carecer de esa fuga central y el terreno nevado, pero, ¿en que medida cuando visualicé la escena y la posición del perro recordé la fotografía de Koudelka insconcientemente?
perro jgiz

Como dijo recientemente Joan Fontcuberta en la galería Vilaseco de A Coruña, “hoy en día una imagen nos lleva a otras, vivimos en un tiempo de la apropiación como un gesto casi natural y por tanto, debemos sustituir el término apropiación por el de adopción, permitiendo así a esa imagen nuevas posibilidades de existencia”.

 

¿Qué opiniais?

¿Es para vosotros importante la cultura visual o una forma de caer en seguir haciendo lo mismo que se ha hecho hasta ahora?

¿Teneis en mente alguna pareja de fotografías que podrían encajar en esta reflexión?

Animaros a dejar vuestros comentarios!

La fotografía manipula en los Premios Goya

En la fotografía, hay tendencias puristas como pueda ser el only raw, en ella solo deben utilizarse medios fotográficos para la obtención de la imagen. Otras tendencias utilizan de forma profusa el retoque digital e incluso la generación de luces irreales que se convierten en el principal valor de la fotografía, recreando paisajes irreales pero a la vez de ensueño.

Ya sea de un tipo u otro, el fotógrafo manipula, o por decirlo de otra forma, condiciona al espectador. Entre otras cosas pues selecciona que parte de la realidad introduce en su encuadre y cual deja fuera. Como diría Fontcuberta, la fotografía miente por instinto y por naturaleza. Un ejemplo muy ilustrativo es este:

https://www.elespanol.com/espana/20160208/100739933_0.html

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